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viernes, 23 de noviembre de 2018

A 50 años del 68'




     Han transcurrido 50 años de los acontecimientos que culminaron con la masacre del 2 de octubre en Tlatelolco; vivencia traumática que para muchos mexicanos representó una transmisión mortífera transgeneracional que no podrá ser elaborada mientras no se tenga acceso a la verdad. En la subjetividad social, estos eventos despiertan vivencias dolorosas, angustiantes y de enojo que siguen vigentes.  
     
     Sergio Aguayo menciona: “El que no sepamos exactamente qué sucedió, ni se haya llevado ante la justicia a nadie… Tlatelolco sigue siendo el paradigma, el símbolo, el recordatorio que México es el paraíso de la impunidad.” (Fuente: Documental de Discovery Channel: Matanza de Tlatelolco). Hay que recalcar, junto con René Kaës (2006), que “la violencia de la acción mortífera colectiva –la máquina de muerte administrada por la institución del terror de Estado– se acrecienta por la violencia de la denegación, del borramiento del asesinato” (Pág. 17).

     Estremece la fuerza con la que la juventud de esa época asumía la lucha por la libertad ante un régimen fascista. En palabras de Castoriadis (2013) esto representa la pugna de una sociedad instituyente por modificar la instituida. Fue un golpe devastador en su momento, porque el mensaje que quedó fijado en el imaginario colectivo fue el de la imposibilidad de un posible cambio; prevaleció la desesperanza. 

     El Estado, y quizá gran parte de la población mexicana, no podía tolerar un cambio social. Entre los mecanismos que operan en el aparato psíquico ante la ansiedad que despierta el cambio, están la escisión y la paranoia; se impide así la elaboración e integración de las ansiedades despertadas; lo cual lograría superar la resistencia al cambio y combatir la paralización del Yo (Pichón-Riviere, 1997). Parece que a 50 años, la población en México está más empeñada en un cambio, al menos político.

     Finalmente, cabe destacar que, “sean cuales fueren los factores que patrocinan cualquier acto concreto de genocidio, el elemento nuclear del estado mental fascista (en el individuo o el grupo) es una ideología –narcisísticamente patológica y totalitaria– que mantiene su certidumbre merced a la operación de determinados mecanismos mentales destinados a eliminar toda oposición” (Bollas, 1994. Pág. 245). Un ejemplo de esto es el expresidente Díaz Ordaz. Pero hay que recordar que, la intolerancia a lo diferente debería de constituir una señal de advertencia de nuestra propia tendencia a imponer, y del peligro que esto representa; pues puede llevar al grado de vacío moral que incluye el exterminio de otro ser humano. Menciona Bollas que “la patología del movimiento fascista está dentro de cada uno de nosotros” (Íbidem. Pág. 241). 

     Es por eso que la tolerancia y la elaboración de las angustias propias, es una manera de honrar el movimiento del 68’ y a sus víctimas. Es una manera de mantener viva la memoria, historizando y pensando juntos, para comprender y no repetir. ¡El 2 de octubre no se olvida!

     A ustedes ¿qué reflexiones les dejan estos acontecimientos, a 50 años, desde la perspectiva de sus conocimientos de psicología social y/o desde el psicoanálisis?

Fuentes

- Bollas, Ch. (1994). Ser un personaje. Argentina: Paidós.

- Castoriadis, C. (2013). La institución imaginaria de la sociedad. México: Tusquets.

- Pichón-Riviere, E. (1997). El proceso Grupal; del Psicoanálisis a la Psicología Social. Argentina: Nueva Visión.

- Puget, J., Kaës, R. Comp. (2006). Violencia de Estado y psicoanálisis. Argentina: Lumen.

- Tlatelolco, las claves de la masacre. https://www.youtube.com/watch?time_continue=4&v=I1Q67ckeEO0

- Documental de Discovery Channel: Matanza de Tlatelolco. https://www.youtube.com/watch?time_continue=1260&v=8FUdd6Wy3Qg




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