El Yo conquistado, grupalidades alienadas, la masa
manipulada y las sociedades desvirtuadas. Lo que podría ser pero no es,
lamentablemente…
Porque no somos sin los otros pero quizá tampoco con los
otros, porque la desmentida invade, así como las pulsiones…
Aquí tres poemas de la escritora Rosario Castellanos para
reflexionar. Pueden escoger alguno o los tres para sus reflexiones.
NACIMIENTO
ESTUVO aquí.
Ninguno (y él menos que ninguno)
supo quién
era, cómo, por qué, adónde.
Decía las
palabras que los otros entienden
—las suyas
no llegó a escucharlas nunca—;
se escondía
en el lugar en que los otros buscan,
en su casa,
en su cuerpo, en sus edades,
y sin
embargo ausente siempre y mudo.
Como todos, fue dueño de su vida
una hora o
más y luego abrió las manos.
Entonces preguntaron: ¿era hermoso?
Ya nadie
recordaba aquella superficie
que la luz
disputó por alumbrar
y le fue
arrebatada tantas veces.
Le inventaron
acciones, intenciones. Y tuvo
una historia,
un destino, un epitafio.
Y fue, por fin, un hombre.
EL POBRE
ME VE como
desde un siglo remoto,
como desde
un estrato geológico distinto.
Del idioma que algunos atesoran
le dieron de
limosna una palabra
para pedir su
pan y otra para dar gracias.
Ninguna para
el diálogo.
El domador, con látigo y revólveres,
le enseña a
hacer piruetas divertidas,
pero no a erguirse,
no a romper la jaula,
y lo premia
con una palmada sobre el lomo.
Aunque son tantos (nunca se acabarán,
prometen
las
profecías) cada uno
cree que es
el último sobreviviente
—después de
la catástrofe—de una especie extinguida.
Allí está: receptáculo
de la curiosidad
incrédula, del odio,
del llanto
compasivo, del temor.
Como una luz nos hace
cerrar violentamente
los ojos y volvernos
hacia lo que
se puede comprender.
Nadie, aunque algunos juren en el
templo, en la esquina,
desde la
silla del poder o sobre
el estrado
del juez, nadie es igual
al pobre ni
es hermano de los pobres.
Hay distancia. Hay la misma extrañeza
interrogante
que ante lo
mineral. Hay la inquietud
que suscita
un axioma falso. Hay
la alarma, y
aún la risa,
de cuando
contemplamos
nuestra
caricatura, nuestro ayer en un simio.
Y hay algo más. El puño se nos cierra
para
oprimir; y el alma
para
rechazar lejos al intruso.
¡Qué náusea repentina
(su figura,
mi horror)
por lo que
debería ser un hombre y no es!
EL ENCERRADO
CARA contra
los vidrios, fija, estúpida,
mirando sin
oír.
Aquí afuera sucede lo que sucede: algo.
Relampaguea una nube, se alza un
ventarrón,
sube una
marejada
o una llanura
queda quieta bajo la luz.
Las especies feroces devoran al cordero.
El látigo del fuerte
chasquea sobre
el lomo del miedo y la cadena
del opresor
se ciñe a los tobillos
de los que
nunca ya podrán danzar.
Uno persigue a otro, lo alcanza, lo
asesina.
Y tú presencias todo,
maravillado,
ajeno, sin preguntar por qué.
Bibliografía.
Rosario Castellanos. Obras II. (Comp. Eduardo Mejía). (2014) Edición
electrónica. México: FCE.
Fuente de foto.
Encuentro con Rosario Castellanos. Hernán Lavín. Revista de la Universidad de
México. N° 42. 2007. http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/ojs_rum/index.php/rum/article/view/2895/4133
