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sábado, 16 de noviembre de 2019

Lo que podría ser pero no es.


     El Yo conquistado, grupalidades alienadas, la masa manipulada y las sociedades desvirtuadas. Lo que podría ser pero no es, lamentablemente…
     
     Porque no somos sin los otros pero quizá tampoco con los otros, porque la desmentida invade, así como las pulsiones…

     Aquí tres poemas de la escritora Rosario Castellanos para reflexionar. Pueden escoger alguno o los tres para sus reflexiones.


NACIMIENTO
ESTUVO aquí. Ninguno (y él menos que ninguno)
supo quién era, cómo, por qué, adónde.
Decía las palabras que los otros entienden
—las suyas no llegó a escucharlas nunca—;
se escondía en el lugar en que los otros buscan,
en su casa, en su cuerpo, en sus edades,
y sin embargo ausente siempre y mudo.
Como todos, fue dueño de su vida
una hora o más y luego abrió las manos.
Entonces preguntaron: ¿era hermoso?
Ya nadie recordaba aquella superficie
que la luz disputó por alumbrar
y le fue arrebatada tantas veces.
Le inventaron acciones, intenciones. Y tuvo
una historia, un destino, un epitafio.
Y fue, por fin, un hombre.


EL POBRE
ME VE como desde un siglo remoto,
como desde un estrato geológico distinto.
Del idioma que algunos atesoran
le dieron de limosna una palabra
para pedir su pan y otra para dar gracias.
Ninguna para el diálogo.
El domador, con látigo y revólveres,
le enseña a hacer piruetas divertidas,
pero no a erguirse, no a romper la jaula,
y lo premia con una palmada sobre el lomo.
Aunque son tantos (nunca se acabarán, prometen
las profecías) cada uno
cree que es el último sobreviviente
—después de la catástrofe—de una especie extinguida.
Allí está: receptáculo
de la curiosidad incrédula, del odio,
del llanto compasivo, del temor.
Como una luz nos hace
cerrar violentamente los ojos y volvernos
hacia lo que se puede comprender.
Nadie, aunque algunos juren en el templo, en la esquina,
desde la silla del poder o sobre
el estrado del juez, nadie es igual
al pobre ni es hermano de los pobres.
Hay distancia. Hay la misma extrañeza interrogante
que ante lo mineral. Hay la inquietud
que suscita un axioma falso. Hay
la alarma, y aún la risa,
de cuando contemplamos
nuestra caricatura, nuestro ayer en un simio.
Y hay algo más. El puño se nos cierra
para oprimir; y el alma
para rechazar lejos al intruso.
¡Qué náusea repentina
(su figura, mi horror)
por lo que debería ser un hombre y no es!


EL ENCERRADO
CARA contra los vidrios, fija, estúpida,
mirando sin oír.
Aquí afuera sucede lo que sucede: algo.
Relampaguea una nube, se alza un ventarrón,
sube una marejada
o una llanura queda quieta bajo la luz.
Las especies feroces devoran al cordero.
El látigo del fuerte
chasquea sobre el lomo del miedo y la cadena
del opresor se ciñe a los tobillos
de los que nunca ya podrán danzar.
Uno persigue a otro, lo alcanza, lo asesina.
Y tú presencias todo,
maravillado, ajeno, sin preguntar por qué.





Bibliografía. Rosario Castellanos. Obras II. (Comp. Eduardo Mejía). (2014) Edición electrónica. México: FCE.

Fuente de foto. Encuentro con Rosario Castellanos. Hernán Lavín. Revista de la Universidad de México. N° 42. 2007. http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/ojs_rum/index.php/rum/article/view/2895/4133